Reptiles

Los reptiles funcionan con calor prestado: como ectotermos regulan su temperatura con la conducta, y por eso es el manejo, no la medicina, lo que decide su salud. Todo terrario debe ofrecer un gradiente térmico, iluminación UVB adecuada a la especie para sintetizar vitamina D3 y humedad acorde con su origen; la mayoría de las visitas al veterinario se remonta a un error en uno de estos tres puntos. Digámoslo sin rodeos: un reptil no puede calentarse ni enfriarse desde dentro; el terrario es su sistema de soporte vital. Necesita un extremo cálido y otro fresco para elegir: en muchas especies desérticas, una superficie de asoleo de 32–38°C (90–100°F) y un extremo frío de 22–25°C (72–77°F), con las cifras exactas de la ficha de la especie. Mide a la altura del animal con una sonda digital, y la zona de asoleo con un termómetro de infrarrojos; los termómetros adhesivos miden el cristal, no al animal. Y toda fuente de calor pasa por un termostato, siempre: una manta sin regular quema al animal tumbado encima justamente porque está caliente. Los UVB son el segundo mando. Las especies diurnas asoleadoras — dragones barbudos, iguanas, camaleones, tortugas — los necesitan para fabricar vitamina D3 y aprovechar el calcio; sin ellos aparece la enfermedad metabólica ósea. El gecko leopardo y las serpientes se las arreglan sin él, aunque un tubo de baja emisión les sienta bien. Una lámpara UVB deja de emitir mucho antes de dejar de dar luz: cámbiala por calendario, cada 6 a 12 meses, y no cuando se funde. La humedad es el tercer mando. Especies áridas: 30–40 %. Selva húmeda: 60–80 %. Demasiado seco y la muda sale a parches, dejando anillos que estrangulan dedos y punta de la cola, o escamas pegadas sobre los ojos de la serpiente. Demasiado húmedo con aire estancado trae podredumbre de escamas e infección respiratoria — boca abierta, silbidos, burbujas en las fosas nasales — una urgencia veterinaria. La parte que compensa: bien montados, los reptiles están entre los compañeros menos problemáticos. Gecos leopardo y dragones barbudos toleran un manejo suave y viven 10–20 años; una tortuga terrestre sobrevivirá al coche familiar y quizá a la familia. Investiga el tamaño adulto antes de comprar la cría adorable: esa iguana de 10 cm se convierte en 1,5 metros de dinosaurio con carácter. Antes que el animal: busca un veterinario que trate reptiles de verdad y confírmalo por teléfono, porque la mayoría de las clínicas no lo hace. Consulta también tu normativa local: tenencia, permisos y listados CITES cambian según el país y a veces según la ciudad. Y los refugios están llenos de reptiles entregados: un adulto adoptado te enseña exactamente lo que asumes.