Enseñar una llamada que de verdad funcione
Por NetForPet Editorial · 4 de marzo de 2026
Casi todos los perros saben perfectamente qué significa “ven”. El problema es que también saben qué anuncia: la correa que vuelve, el parque que se acaba, el baño que empieza, la diversión que se termina. Así se estropea una llamada. La palabra deja de prometer algo bueno y pasa a avisar de que ha llegado la factura. Un perro que duda al oírla no es terco: está haciendo cuentas, y tú las pierdes una y otra vez.
Así que antes de entrenar nada, arregla la economía. Cuatro reglas, sin excepciones. Di la señal una sola vez; repetirla le enseña que las cinco primeras no cuentan. Úsala solo cuando puedas pagarla. Nunca llames a tu perro para hacerle algo que odia: ve tú a buscarlo. Y jamás riñas a un perro que acaba de volver, por mucho que haya tardado. No oirá una regañina por haberse escapado hace diez minutos. Oirá una regañina por haber llegado.
Este es el ejercicio de hoy. Engancha una línea larga de 10 m (33 pies) a un arnés bien ajustado, nunca a un collar: un perro que llega al final de la línea a toda velocidad, por el cuello, es una visita al veterinario esperando a ocurrir. Empieza en un sitio aburrido: un pasillo, un patio vacío. Con el perro a unos metros y entretenido a medias con otra cosa, di su nombre y tu señal una vez, date la vuelta y corre tres pasos hacia atrás. El movimiento que se aleja tira del perro hacia ti. Quedarte quieto repitiendo la palabra, no.
Cuando llegue, paga a lo grande. No una galleta: diez trocitos de algo escandaloso — pollo asado, sardina, queso — dados de uno en uno durante cinco segundos completos mientras sujetas el arnés. Después di “ve a jugar” y suéltalo a lo que estaba haciendo. Esa liberación es la mitad del entrenamiento: demuestra que volver contigo no acaba con el mundo. Quince repeticiones, dos sesiones de tres a cinco minutos al día, y se corta cuando todavía quiere más.
Luego añade distracción por fases, una cada vez. Habitación vacía. Jardín. Campo tranquilo con la línea larga. Campo con una persona a 30 m. Esa misma persona a 15 m. Un perro tranquilo a 30 m. Solo subes de nivel cuando ganas nueve de cada diez repeticiones. Dos fallos seguidos significan que has saltado demasiado: baja una fase, sin dramas. Esta es la parte que todo el mundo se salta, y es la única que hace que la llamada funcione en la calle.
Guarda una señal de reserva. Elige un sonido que no hayas usado nunca — un silbato, una palabra rara — y asócialo únicamente al premio gordo. Gástalo unas pocas veces al año, en los momentos que de verdad importan, y nunca para “nos vamos a casa”.
¿Y si te ignora? No repitas, no lo persigas, no grites. Sal corriendo en dirección contraria, haz un ruido ridículo, o ve a buscarlo con la línea. Y luego dedica una semana a que esa palabra valga más que la ardilla.
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