¿Mi mascota tiene sobrepeso? Compruébalo con las manos
Por NetForPet Editorial · 6 de mayo de 2026
El número de la báscula, por sí solo, dice muy poco. Lo que los veterinarios usan de verdad se llama condición corporal, y puedes hacer una versión honesta en casa en treinta segundos, con las manos y no con los ojos. Los ojos engañan: el cambio es lento.
Primero las costillas. Apoya las dos manos planas sobre los costados del tórax y presiona muy suave. Deberías notar las costillas igual que notas los nudillos en el dorso de tu mano: definidas, bajo una capa fina, sin ser afiladas. Si tienes que hundir los dedos para encontrarlas, sobra grasa. Si se marcan a la vista, falta. Luego la cintura: mira desde arriba, debe haber una curva hacia dentro detrás de las costillas; un perfil recto u ovalado significa sobrepeso. Después la línea del abdomen, de perfil: debe subir desde el pecho hacia las caderas. Recta o colgante, sobrepeso. Los gatos tienen una prueba extra: el pliegue de piel que se balancea bajo la barriga es la bolsa primordial y es normal. Pellízcalo: un pliegue fino de piel, bien; una masa firme y redondeada, eso es grasa.
Hazlo el día uno de cada mes, siempre igual, con una foto desde arriba y otra de perfil: enseñan lo que el salón esconde.
Ahora, por qué la bolsa hace comer de más. La tabla de raciones es un rango de partida, calculado para un animal medio de ese peso, y suele suponer que ya está en su peso ideal, no en el actual. La esterilización reduce las necesidades energéticas entre un quinto y un tercio, y la tabla no lo sabe. Y por último, el vaso medidor: la gente sirve a ojo, y el mismo vaso varía un veinte o treinta por ciento entre dos personas de la misma casa. Pesa la comida en una báscula de cocina, en gramos.
Recortar calorías sin acabar con un animal famélico depende de cuatro palancas. Volumen: reparte la misma ración diaria en tres o cuatro comidas en lugar de una o dos, y en perros añade volumen con verduras bajas en calorías aprobadas por tu veterinario, como judías verdes o pepino; en gatos, la comida húmeda hace mejor ese trabajo, porque el agua da volumen sin calorías. Momento: coloca la comida más grande justo antes de la hora en que suele pedir, y si picotea todo el día, retira el cuenco a los quince o veinte minutos, para saber cuánto ha entrado de verdad. Presupuesto de premios: como mucho el diez por ciento de las calorías del día, y salen de la ración, no se suman a ella. Haz la cuenta una vez y asusta: el cupo entero de un perro pequeño pueden ser dos o tres galletas, contadas de su cuenco. Y la casa: el motivo número uno por el que fracasa un plan de peso es una segunda persona dando comida a escondidas. Mete la ración del día en un bote por la mañana; cuando el bote se vacía, se acabó.
El ritmo importa, y ahí es tu veterinario quien fija el objetivo. Adelgazar demasiado rápido es peligroso, sobre todo en gatos, que pueden desarrollar un problema hepático grave si dejan de comer o pierden peso de golpe: a un gato nunca se le deja simplemente el cuenco vacío. Y si tu animal sigue pesado pese a comer poco, adelgaza sin que hagas nada, o se queda sin aire, eso es una consulta antes que una dieta: algunas de esas situaciones son hormonales o cardíacas, y la comida no las arregla.
Escrito por el equipo editorial de NetForPet, no por un veterinario. Es información general, no asesoramiento veterinario, y no puede tener en cuenta a tu animal. Cualquier cuestión sobre su salud — incluido si se trata de una urgencia — la decide tu veterinario, que sí puede examinarlo.
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